Uga la tortuga

Uga la tortuga era una tortuguita muy resoplona, ella quería que las cosas siempre sean fáciles y no hacer nada para ayudar a nadie. Claramente esto no la iba a ayudar en la vida a ser feliz porque nunca podía uga1conseguir ninguna cosa que se proponía. Nadie podía juzgar a la tortuga de no querer hacer las tareas porque estas le llevaban una eternidad para poder terminarlas, en cambio, sus amigos las terminaban en cuestión de minutos. No importa que sea lo que la tortuga tenía que hacer, ella iba muy lento, demasiado lento y jamás terminaba nada.

Con el tiempo, Uga se dio cuenta que era mucho más sencillo dejar que todos sus compañeros terminen las tareas y esforzarse lo menos posible, pero esto no la ponía contenta, la verdad es que tampoco sabía que hacer porque llegó a sentir que los demás eran mejores por poder hacer todo y ella tardar tanto en hacerlo. Sin embargo, un día se encontró con una hormiguita que cruzó por su camino y esta le preguntó por qué no se encontraba trabajando con los demás. Rápidamente la tortuga contestó que prefería que los demás hagan el trabajo porque en definitiva, ella era tan lenta que no podría hacer nada para ayudar.

La hormiga y Uga se quedaron hablando por un tiempo y entonces la pequeña hormiga le dijo que no importa el tiempo que tarde en hacer las cosas, lo único que importa es que las haga porque al hacerlas se quedará con la satisfacción y la alegría de haberlas terminado, en cambio, al quedarse mirando como los demás trabajan solamente obtendría tristeza y sentimientos negativos de no poder ella misma trabajar. Todo se trata de fijar metas cortas le dijo la hormiga, le intentó explicar que si hace un poquito todos los días, en algún momento terminará su trabajo con el mejor de los esfuerzos y la calidad del detalle. Sin embargo, al fijar metas muy grandes, el día terminaría y ella se sentiría mal de no haber terminado sus tareas.

huga1La tortuga se sintió tan bien luego de la charla que comenzó a poner siempre en práctica lo que su amiga la hormiga le había dicho. Ella entendió que no era peor que los demás por tardar en hacer las cosas porque poniendo su mayor esfuerzo tardará más que el resto, pero haría el mejor trabajo que pueda y haciendo un poquito cada día para ir avanzando, se sentiría muy feliz al terminar. Estas palabras cambiaron la vida de la tortuga y seguramente cambiarán la de muchos niños.