Cuento de Pedro y el lobo

En una montaña alejada del pueblo se encontraba un pastorcito que cada día se encargaba de los cuidados de sus ovejas. Un día, salió como todos los días para poder pasear a sus ovejas y entonces apareció un gran lobo que quiso quedarse con su rebaño, por suerte, un hombre que por allí estaba trabajando como leñador pudo oír a tiempo sus pedidos de auxilio y lo socorrió para que el lobo se fuera y dejara en paz a las ovejas que debía cuidar. Cuento-de-Pedro-y-el-loboLos días pasaron y realmente no tenía nada que hacer este pastorcito, en un momento del día estaba tan aburrido, que se le ocurrió una idea muy ingeniosa, pero para nada agradable para llamar la atención de la gente del pueblo que muy lejos vivían. Él quiso darles un susto a los pueblerinos y de paso se divertiría muchísimo en el trascurso.

El pastorcito una mañana comenzó a gritar fuerte diciendo –El lobo, el lobo, ayuda, viene el lobo. Todos los hombres que estaba trabajando como leñadores dejaron sus puestos y fueron corriendo para socorrer al pobre pastorcito que solo estaba en la montaña con sus ovejas solamente, pero cuando llegaron no había ningún lobo, solamente un joven que no paraba de reírse y les decía que ya se había ido. El día siguiente pasó lo mismo y los hombres comenzaron a sentirse mal de todo lo que estaba ocurriendo, pero el día siguiente pasó lo mismo, ellos no querían dejarlo solo y por eso iban a su ayuda, sabían que él se quedaría sin nada, hasta podría perder la vida con el lobo. Sin embargo, nuevamente se reía de ellos el pastorcito por ir en su ayuda en vista de que ningún lobo estaba cerca.

pedroEl cuarto día, el pastorcito se levantó y entonces pasó algo terrible, ahora en verdad estaba el lobo comiéndose a sus ovejas y llevándose todo lo que poseía. Comenzó a gritar como nunca, esta vez era verdad, necesitaba que rápidamente los hombres vayan en su ayuda, del mismo modo que lo habían hecho los días anteriores, pero ellos pensaron que era una nueva broma y escucharon sus gritos, escucharon todo lo que gritaba, pero aun así nadie le volvió a creer nunca más al pastorcito y el lobo terminó de comerse finalmente a todas las ovejas que tenía sin dejar ni una. Fue entonces cuando comprendió la lección y nunca más volvió a decir una mentira, ni a burlarse de las personas.