La princesa que no sabía reír

Había una princesa que no tenía modo de reír, ya había visto a todos los bufones del palacio que ninguno había llegado a poder lograr nada parecido a su risa. Ella estaba siempre triste y nadie la podía contentar, pero un día algo cambió porque llegó al palacio Tribilin que era un joven en busca de empleoprincesa1 para hacer cualquier cosa. Sin embargo, este joven era muy torpe y no buscaba hacer reír a la princesa ni nada similar, solamente hacia sus gracias porque no podía hacer las cosas de otra manera. El primer día de trabajo se acercó al gallinero para encargarse de las gallinas y como paga le dieron una docena de huevos que puso llevó en la mano hasta que se tropezó y se le cayeron todos por la cabeza, la princesa miraba todo, pero aun así no sonrió.

El segundo día le tocó trabajar ordeñando vacas y como recompensa le dieron un cubo de leche que puso en su gorro como su madre le indicó de debía haber llevado los huevos para que no se rompan y se bañó por completo, la princesa miró todo y no sonrió. El tercer día sucedió que Tribilin fue llamado para trabajar en la cocina real, lugar donde se encargaría de los pescados y le dieron uno para llevar a la casa, pero lo siguieron todos los gatos y dejaron solamente huesos mientras la princesa miraba todo lo que ocurría y no se reía todavía. La madre se estaba cansando de todas las torpezas de su hijo que nada había llevado a casa en forma de pago por sus labores. Por esto es que el día siguiente le dieron un cerdito, este lo llevó debajo del brazo como su madre le dijo que tenía que haber llevado el pescado, pero este salió corriendo y la princesa no sonrió. Pasó otro día más y entonces se le pidió a Tribilin que ayude con el ganado y como recompensa se le otorgó una vaca entera para él solo.

princesa2Tribilin tenía que llevar la vaca a su casa y para esto no tuvo mejor idea que juntar toda su fuerza y ponerla sobre su cabeza. La princesa miró todo por la ventana y cuando vio a un hombre con una vaca en la cabeza no pudo parar de reír, rió tanto que su estómago le empezó a doler. Luego de tanto sucedió que el rey le pidió a Tribilin y a su madre que fueran a vivir en el palacio, ellos fueron felices por siempre.