El zorro glotón

Muchas veces cometemos errores por no saber medir las consecuencias o al menos, las posibilidades que existen en cada altercado que se presenta en nuestra vida, como la que se le presentó al zorro del bosque, que por no ser paciente y prudente, vivió una de sus más amargas experiencias, por no decir la que más.

El zorro se paseaba por el bosque como cada tarde, con tranquilidad, sin ninguna sorpresa aparente, y de pronto un delicioso aroma atrapó su atención de inmediato y comenzó a usar sus habilidades para encontrar aquel olor que sin duda le hacía sonar las tripas del hambre, a pesar de no tener tanta.

Al fin llegó al lugar, se trataba de un árbol con un agujero pequeño en el que unos granjeros dejaron una cesta de comida olvidada, tal vez escondida, pero al zorro no le importaba eso, sólo podía ver que tenía una gran cantidad de comida frente a él y en lugar de buscar a los dueños, decidió meterse en el agujero tal y como pudo y comenzó a devorar aquel banquete con desespero y ansias.

glotonTras un rato, el zorro se lo había comido todo, incluso, más de lo que realmente podía, pero la oportunidad era única y quiso aprovecharla al máxima, no dejó nada para los granjeros, de hecho, ni pensó en ellos, de la misma forma que tampoco pensó en guardar algo de comida para otro día, simplemente devoró hasta el último bocado sin piedad.

Pasado un rato y cuando por fin pudo moverse, se dispuso a abandonar aquel árbol para salir a dormir y descansar bien de aquella gran comida pero ¡Sorpresa! Al haber comido tanto ya el zorro no pasaba por el agujero, tan sólo su cabeza podía pasar por allí y el resto de su cuerpo se ahogaba en el árbol. Asustado y soberbio, el zorro pensó que era una trampa y que el árbol encogía para quedarse con él, incapaz de aceptar que comió más de lo necesario.

Al rato pasó una comadreja, que escuchando los gritos de auxilio se acercó, pero al escuchar el cuento del zorro, incluyendo la versión en la que el árbol era una trampa, la comadreja sólo reía, y lo hacía al darse cuenta de la soberbia del zorro y su negación a aceptar que sus ojos eran más grandes que su propio cuerpo y primero comió con la vista, sin necesidad.

Ante esto, la comadreja le indicó que debía quedarse allí, ya que además de ser imposible sacarlo, tal vez estar allí hasta adelgazar le haría ver su error y recapacitaría sobre su equivocación.

El zorro, entre amargura y algo de arrepentimiento, estuvo durante dos días enteros allí, reflexionando y adelgazando, hasta que llegó el momento en que la conciencia y su estómago le permitieron salir del lugar, con la lección aprendida, sabiendo que la gula más que un pecado es algo innecesario, que salió igual o más flaco de lo que entró y que ahora, perdió dos días de su vida pagando por su soberbia.