Cuento la ratita presumida

Había una ratita que era muy presumida y tenía que elegir novio para casarse, durante la convocatoria fueron muchos los invitados, pero ella antes había pasado por una tienda para comprar un moñito que la haría verse mucho más bella. Este moñito lo compró con una moneda que encontró cuando barría la ratitapuerta de su casa. Sin embargo, después le costó mucho elegir el color indicado, luego no sabía dónde ponerlo, ella era muy indecisa y le costaba mucho tomar decisiones. Luego de mucho pensar concluyó con que se vería muy bien puesto en su cabeza y eso hizo.

Llegó el momento de recibir a los pretendientes y el primer en llegar fue el gallo, quién quería casarse con la ratita. La muy presumida le preguntó cuál es el sonido que hace, quería escucharlo cantar y el gallito gritó –“Kikiriki”. La ratita le dijo que se fuera, no lo quería como esposo luego de oírlo, tiempo más tarde llegó el perro y también tuvo que mostrar su voz, entonces dijo -“Guau, guau”, de inmediato dijo la ratita que no solamente no le gustaba, sino que además le daba miedo. Fue el momento de recibir al cerdo y este le dijo de inicio -“Oink, oink”, la muy presumida le dijo que era muy ordinario y lo alejó rápidamente. El último en llegar fue un gato blanco y muy bello, este le dijo – “Miau, miau” y la enamoró por completo. Con él si se casó la ratita.

El día terminaba y después de tanto esperar, al fin había dado con el príncipe de sus sueños, era nada menos que un gato blanco. La fiesta se realizó y se casaron estos dos. El problema llegó al final, ella le preguntó por qué tenía una voz tan dulce y él le contestó que la tenía para comerse a una presumida ratita. Esto nos enseña que no hay que elegir a otro por la voz o su vestimenta, sino que hay que escogerlo con el corazón.